¿Estás ahí?
¿Porqué cuando despierto por las noches sigo oliendo tu cuerpo junto al mío, aún sabiendo que ya no estás? A veces me imagino que, en realidad, estás escondido debajo de la cama o detrás del armario, o cubierto por la cortina floreada del comedor, quizás.
Me despierto sobresaltada y rígida, enciendo una luz para buscarte y entonces me sorprendo de lo infantiles que son los esfuerzos por encontrarte. Al prender el interruptor de la lámpara de noche, sé perfectamente que ya te has ido, que te fuiste de la manera que se van los mejores besos: para nunca volver más. Caigo en cuenta de que lo único que se esconde bajo mi cama son las cajas viejas dónde quedaron archivadas tus fotografías, mis apuntes de la escuela y cuadernos con cursilerías románticas que, todavía hoy, me rehuso a tirar.
Pero basta cerrar los ojos de nuevo para que el silencio de la noche se haga insoportable, para que pesen aún más las mantas con las que me cubro la cara, y empiecen a atormentarme los miedos que roen mi almohada.
Un insecto desorientado se estrella contra la ventana del cuarto, el golpeteo incesante de una criatura necia a quien se le recuerda en todo momento su desventaja evolutiva. Top, to, to, top, top.
Es tan denso y tan penetrante que casi puedo verlo, Teo: como si cada onda sonora dejara un espectro colorido en el vidrio negro de la ventana.
Es en noches como esta cuando sólo me queda el consuelo de tu nombre: lo repito en voz alta y un escalofrío recorre mi cuerpo entero cuando me escucho a mí misma diciendo un débil y tembloroso .Teo.
Teo.
Teo.
Me quedo dormida con el sabor de tu nombre entre mis labios.
Despierto con antojo a café recién molido y pan tostado con mantequilla y sal.
Es en noches como esta cuando sólo me queda el consuelo de tu nombre: lo repito en voz alta y un escalofrío recorre mi cuerpo entero cuando me escucho a mí misma diciendo un débil y tembloroso .Teo.
Teo.
Teo.
Me quedo dormida con el sabor de tu nombre entre mis labios.
Despierto con antojo a café recién molido y pan tostado con mantequilla y sal.

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