I
II
La lengua de mi conciencia es la inglesa: de tonos tenues, pero de fuertes ecos morales. Es el idioma en el que aprendí a escribir primero, idioma de la escuela, es en el que pienso cuando manejo sola en el coche, en el que pienso cuando pienso en el amor.
El alemán es mi lengua reflexiva, la única en la que existe un verbo para los silencios compartidos, la de las acotaciones categóricas y fuertes, mi patria filosófica.
III
Lo curioso es que sólo en español consigo expresarme, nunca del todo. Es la lengua que se me atora en la garganta y me duele, pero también es la única en la que puedo hacer que mi nombre suene a mi nombre.
Mi mundo está fracturado de manera tripartita; jamás conseguiré ser
hija
de ninguna lengua
materna.

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